Fábula de Esopo

Un caminante, después de hacer un largo camino, quedó rendido de cansancio, se tumbó junto a un pozo y se durmió. Estaba a punto de caerse cuando la Fortuna se acercó y despertándole le dijo: «¡Eh, tú!, si te hubieras caído no habrías culpado a tu imprudencia, sino a mí.»

Moraleja

Así, mucha gente que tiene una desgracia por su culpa se la echa a los dioses.

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