Fábula de Esopo

Un hombre, que era cobarde, marchó a la guerra. Al graznar los cuervos, dejó las armas y se quedó quieto. Luego las volvió a coger y se puso otra vez en marcha, graznaron de nuevo, se detuvo y al fin les dijo: «Vosotros, graznad tan fuerte como podáis, pero no vais a probar mi carne.»

Moraleja

La fábula concierne a los sumamente cobardes.

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