Fábula de Esopo
Un caminante, que hacía un largo camino, hizo la promesa de entregar a Hermes, como ofrenda, la mitad de lo que pudiera encontrar. Casualmente se topó con una alforja en la que había almendras y dátiles, y la recogió creyendo que había dinero. Cuando sacudió la alforja y vio lo que encerraba se lo comió, cogió luego las cáscaras de almendra y los huesos de los dátiles y los puso sobre un altar, diciendo: «Líbrame, ¡Hermes!, del voto, porque ya he compartido contigo lo que encontré dentro y lo de fuera.»
Moraleja
La fábula es apropiada para el avaro, que por codicia embauca con sus sofismas incluso a los dioses.
Fábula de Esopo
El Caminante Y Hermes
Narración: LibriVox · Dominio público
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