Fábula de Esopo

Dos muchachos compraban carne en el mismo puesto. Entonces, mientras el carnicero estaba ocupado, uno iba robando los despojos y los echaba en los pliegues del manto del otro. El carnicero se volvió buscando los despojos y acusó a los muchachos. El que los había cogido juraba no tenerlos, y el que los tenía, no haberlos cogido. El carnicero, que se dio cuenta de su truco, dijo: «A mí me podéis engañar con falso juramento, pero no a los dioses.»

Moraleja

La fábula muestra que la impiedad del perjurio es la misma aunque se la enmascare con sofismas.

Disfruta las fábulas de Esopo en Léemelo, junto a las de Samaniego, La Fontaine y una biblioteca de relatos clásicos que no tiene igual.

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