Fábula de Esopo

Un hombre que tenía dos perros, a uno le enseñó a cazar y del otro hizo un guardián de la casa. Cuando el perro cazador salía de caza y atrapaba algo, el amo daba un trozo de la pieza al otro. Disgustado el de caza, hacía reproches a su compañero porque, encima que era él quien salía y se cansaba en cada ocasión, el otro, sin hacer nada, disfrutaba de su propio esfuerzo. El perro guardián le contestó: «Pero a mí no me eches nada en cara, sino al amo, que me enseñó a no cansarme y a comer del trabajo de otros.»

Moraleja

No hay que reprender a los niños perezosos cuando son sus padres quienes así los educan.

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