Fábula de Esopo

Un día las zorras se congregaron a orillas del Meandro con la intención de beber de sus aguas. Pero como el agua se arrastraba con un fuerte fragor, trataban de animarse unas a otras sin atreverse a entrar. Entonces una de ellas tomó la palabra para hacer de menos a las demás y burlarse de su cobardía, ella, dándoselas de valiente, saltó al agua. La corriente la arrastró al centro y las otras, apostadas en la orilla del río, le dijeron: «No nos dejes, vuélvete para señalarnos el paso por donde podamos beber sin peligro.» Pero aquélla, arrastrada por la corriente, dijo: «Tengo un encargo para Mileto y quiero llevarlo allí, a la vuelta os lo señalo.»

Moraleja

Va para los que por fanfarronería se meten en un peligro.

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