Fábula de Esopo

Las liebres, como reconocieron su propia cobardía, decidieron que tenían que despeñarse. Se acercaron así a un precipicio en el fondo del cual habla una laguna, entonces, las ranas, al oír el ruido de las pisadas, se tiraron al fondo de la laguna. Y una de las liebres, al verlas, dijo a sus compañeras: «Ya no tenemos que tiramos, porque, mira por dónde, hay todavía animales más cobardes que nosotras.»

Moraleja

Del mismo modo, los hombres consuelan su propia desgracia con las calamidades ajenas.

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