Fábula de Esopo

Una mujer tenía un marido borracho y como quería quitarlo del vicio imaginó la siguiente argucia. Aguardó a que estuviera dormido de la borrachera e insensible como un muerto, se lo echó a los hombros, lo llevó al cementerio, lo depositó y se marchó. Cuando sospechó que había vuelto ya en sí, volvió y llamó a la puerta del cementerio. Dijo el borracho: «¿Quién llama a la puerta?» Respondió la mujer: «Soy yo, que traigo la comida a los muertos.» Dijo él: «No me traigas de comer, sino de beber, buena mujer, porque me das mucha tristeza al recordarme la comida y no la bebida.» La mujer se golpeó el pecho mientras decía:«¡Ay qué desgraciada soy!, nada he conseguido con mi argucia, porque tú, marido, no sólo no te has corregido, sino que te has hecho peor; tu defecto se ha convertido en un hábito.»

Moraleja

La fábula muestra que no hay que echar raíces en el mal comportamiento, porque llega un momento en que, aun sin querer, se impone al hombre como hábito.

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