Fábula de Esopo

Un pajarero extendió sus redes, en las que ató unas palomas domésticas; luego se alejó y, a distancia, esperaba con atención lo que iba a pasar. Se acercaron unas palomas silvestres y se enredaron en los lazos. El pajarero salió corriendo y procuró capturarlas. Las silvestres reprochaban a las domésticas que, siendo de la misma especie, no les habían indicado antes la trampa, pero éstas respondieron: «Pues nos viene mejor cuidar del interés de nuestros amos que dar gusto a nuestra parentela.»

Moraleja

Pasa lo mismo con los sirvientes, no hay que hacer reproches a los que por cariño a sus propios dueños faltan a la amistad de los de su mismo linaje.

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