Fábula de Esopo

Una cigarra en un árbol alto cantaba. Y una zorra que quería comérsela ideó lo siguiente: se puso enfrente a admirar la armonía de su voz y la invitó a bajar, alegando que tenía deseos de ver qué animal tenía un canto tal. La cigarra, que sospechó el engaño, arrancó una hoja y la dejó caer. La zorra se acercó corriendo como si fuera la cigarra y ésta dijo: «Te has equivocado, amiga, si creías que iba a bajar, pues yo me guardo de las zorras desde el momento en que vi en los excrementos de una de ellas las alas de una cigarra.»

Moraleja

A los hombres sensatos las desgracias de sus vecinos les hacen más prudentes.

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