Fábula de Esopo

Un hombre conducía a la ciudad un burro cargado con una estatua de un dios. Como muchos de los que se lo encontraban se prosternaban ante la estatua, el burro, creyendo que le adoraban a él, se puso muy orgulloso a rebuznar y no quiso ya seguir más adelante. El arriero, que se dio cuenta de lo que pasaba, le dijo mientras le daba con la garrota: «¡Ah, mala cabeza!, no faltaba ya más, tú, un burro, adorado por los hombres.»

Moraleja

La fábula muestra que quienes fanfarronean de las virtudes ajenas se prestan al ridículo por parte de quienes los conocen.

Disfruta las fábulas de Esopo en Léemelo, junto a las de Samaniego, La Fontaine y una biblioteca de relatos clásicos que no tiene igual.

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